Proyecto 2024
Presente

Muchos años de marchas del silencio
Carlos Demasi.

Año tras año, los 20 de mayo convocan a una multitud de uruguayos y uruguayas que reclaman conocer la verdad sobre el terrorismo de Estado. El mismo recorrido, el tramo de la avenida 18 de Julio desde la plaza De los Desaparecidos hasta la columna de la Libertad, se cubre de una multitud silenciosa a la que solo se le escucha gritar fieramente “¡Presente!” cuando desde los altavoces se pronuncia el nombre de cada uno de los desaparecidos, renovando un juramento y reviviendo la emoción. La convocatoria ya está por cumplir tres décadas y en ese lapso la denominación “Marcha del silencio” se ha convertido en un significante potente que interpela precisamente a partir de su falta de referencias específicas.

Seguramente para los menores de 40 años la Marcha “siempre estuvo allí”, tiene las características de lo que es permanente: simplemente cuando llega la fecha se difunde la convocatoria y la Marcha se realiza. Pero es bueno señalar que sus inicios fueron complejos en un Uruguay en el que predominaba el olvido desde que el plebiscito de 1989 ratificó la Ley de caducidad. Este desapego hacia los efectos todavía visibles del pasado reciente no era solamente un fenómeno local; algo similar se vivía en Argentina donde, gracias a un indulto presidencial y sin que hubiera habido un triunfo del “voto amarillo”, los perpetradores condenados en 1985 paseaban libres por las calles. En Uruguay la situación aquí era aún más grave: la ley de 1986 no solo había bloqueado el recurso a la justicia, sino que la modalidad de su aplicación tampoco permitía acceder a la verdad. Y como efecto natural de la política de olvido, la sociedad parecía despreocuparse del tema. La sensación era que el reclamo “¿Dónde están?” flotaba en el vacío.

Aparentemente los caminos estaban cerrados después de ratificada la ley y muchos dirigentes políticos ponían en palabras lo que parecía ser la actitud de la sociedad sobre el tema: la derrota del “voto verde” significaba dejar atrás todo el pasado y olvidar el pasado era la garantía para “la paz”. Pero la ley de 1986 dejaba algunos resquicios que podían abrir grietas en el muro del olvido: estaba pendiente la efectiva aplicación del Art. 4° que obligaba al Ejecutivo a investigar el destino de los desaparecidos; la ley no aseguraba la impunidad a los mandos superiores ni a los agentes civiles, pero contra ellos no se había iniciado ninguna acción legal. Progresivamente algunos acontecimientos fueron horadando este muro de impunidad. A nivel internacional el perpetrador argentino Rodolfo Scilingo, condenado por la justicia en España, reveló la existencia de los “vuelos de la muerte” (de los que había sobradas pruebas en este país) que tuvo como efecto una autocrítica pública de la actuación de las FFAA durante la dictadura que formulara el comandante del ejército, Gral. Martín Balza. Estos hechos resonaron también en Montevideo, reposicionaron el tema en los medios y amplificaron las voces de Familiares y las de Felipe y Rafael Michelini que desde el sistema político se esforzaban por agitar el tema. De ellos salió la idea de invitar a todos los colectivos sociales a los que les dolía esa situación para realizar una marcha por los veinte años de los asesinatos de Z. Michelini, H. Gutiérrez Ruiz, R. Barredo y W. Whitelaw; la amplitud de la convocatoria (adhirieron las organizaciones de Derechos Humanos y el Nuevo Espacio) superó el gesto conmemorativo y lo convirtió en un reclamo por todas las demandas pendientes. La idea de realizar una Marcha era una apuesta arriesgada, pero poco podía hacerse para abrir estas brechas si no se manifestaba un reclamo social, y nadie tenía certeza de que la sociedad compartía esa inquietud.

Con todos esos temores y en medio de gran incertidumbre, en mayo de 1996 convocaron a la primera Marcha. Muchas de las dudas del momento se reflejan en esta decisión. Era complejo presentar el lema de la convocatoria: el reclamo de “Verdad y justicia” mantenía su vigencia, pero ese camino parecía cerrado por la ley, por lo que se articuló con una adaptación y un agregado que aludía a los reclamos pendientes: “Verdad, Memoria y Nunca más”. También parecía problemática la fecha elegida: aunque el 20 de mayo de 1976 ocurrió el secuestro del Dr. Manuel Liberoff que todavía permanece desaparecido, la fecha está fuertemente connotada por los asesinatos de Buenos Aires. La realidad se encargó de dejar atrás todas esas dudas; la primera Marcha reunió una multitud que disciplinadamente se congregó a la hora prevista y respetó la consigna de marchar en silencio.

La convocatoria tuvo una respuesta que sorprendió a todos, lo que la convirtió en una fecha importante en la memoria social; su repetición en Montevideo terminó por reconfigurar su sentido: la conmemoración de los asesinatos se transformó en denuncia de todas las prácticas del terrorismo de Estado. A poco dejó de ser un gesto local y pudo dialogar con réplicas que se convocaban en ciudades del interior (recordando que las prácticas criminales cubrieron todo el territorio) y también en otras ciudades del mundo, donde se reúnen uruguayos de la diáspora siempre rodeados de solidaridad. Y a partir de entonces muchas cosas comenzaron a cambiar; este pacífico reclamo fue sacudiendo la indiferencia y comenzaron a reactivarse las denuncias. Por primera vez en el año 2000 un presidente, Jorge Batlle, recibió a una delegación de Madres y Familiares y anunció la creación de una “Comisión para la Paz”; en la Marcha de 2005, cuando se aprestaban a ingresar los arqueólogos a los predios militares, participó el presidente Tabaré Vázquez. Avances lentos, que debieron superar muchas dificultades y que a veces terminaron en amargas frustraciones, pero que hubieran sido impensables una década antes.

Las imágenes fotográficas nos muestran una llamativa evolución en estos años; desde las primeras, enormes panorámicas tomadas desde el nivel de la calle o desde algunos balcones estratégicamente ubicados que se esforzaban por atrapar la multitud inabarcable, hasta la actual conjunción de imágenes que reflejan dos facetas de la misma realidad: por un lado la mirada abarcadora de las cámaras elevadas muestran toda la dimensión de la concentración, mientras que por otro, miles de postales replican en las redes las imágenes de quienes dejan testimonio de su presencia, su solidaridad y su compromiso. Aún con sus diferencias, nos muestran que la convocatoria siempre fue multitudinaria, aunque el adjetivo dice poco cuando se trata de eventos tan convocantes: a su manera también fue multitudinaria la realizada en el año 2020 en plena pandemia, cuando la convocatoria reunió una conmovedora, inolvidable “Marcha” virtual que resonó en toda la ciudad.

Más allá de la variable contingencia de cada una, su importancia surge clara si se miran en su totalidad. Sin dudas su principal resultado es la recuperación del espacio de la memoria en las demandas de la sociedad lo que representa el triunfo contra el olvido; cada avance es una victoria sobre el negacionismo que antes predominaba sin cuestionamientos. Dicho esto sin olvidar que no se debe caer en triunfalismos: ciertamente es mucho lo que aún falta. Hasta ahora se ha podido avanzar con pasos lentos, como lo hace la multitud que participa en la Marcha y que sin duda seguirá haciéndolo. Siempre es difícil hacer vaticinios, pero como en la “Marcha del silencio” se reúnen dos dimensiones de carácter diferente, podemos imaginar que aunque en algún momento se conozca la Verdad, habrá Marchas mientras haya Memoria.

Imágenes del Silencio es un equipo que desde la fotografía y la comunicación visual acompaña la lucha que por verdad, justicia, memoria y nunca más terrorismo de estado llevan adelante Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos y los cientos de miles de personas que cada 20 de mayo se concentran en la mayor manifestación popular del Uruguay: la Marcha del Silencio.

20 años de marchas (2015) fue nuestro primer proyecto, que consistió en la búsqueda y recopilación de fotografías, desde la primera marcha de 1996 hasta la decimonovena realizada en 2014. El material fue editado para una exposición en la Fotogalería Parque Rodó del Centro de Fotografía de Montevideo (CdF) y contó con 78 imágenes de 38 fotógrafas y fotógrafos. Desde entonces, el equipo viene trabajando de forma permanente sobre la temática de los desaparecidos durante la última dictadura, desarrollando proyectos visuales diversos.

A poco de alcanzar la 30a. Marcha del Silencio, retomamos nuestro trabajo constitutivo para transformarlo, de exposición a libro, incorporando fotografías de los últimos nueve años, sumando las miradas de fotógrafos y fotógrafas jóvenes y manteniendo la idea original: aportar a la construcción de la memoria.

Queremos agradecer a los y las colegas que confiaron en nuestro trabajo y generosamente brindaron sus fotografías para la edición de este libro. Al historiador Carlos Demasi, porque no siempre una imagen vale más que mil palabras. Su texto se cuela entre las fotografías para contextualizarlas, aportar conocimiento y enriquecer la lectura de las imágenes.

Equipo de edición: Soledad Acuña, Annabella Balduvino, Ricardo Gómez Antonich, Pablo Porciúncula, Federico Panizza.

Diseño gráfico: Andrés Cribari.

Textos: Carlos Demasi, Imágenes del Silencio.

Corrección: Nairí Aharonián.

Autores: Adrián Markis, Agustín Fernández, Aldo Novick, Andrés Cribari, Annabella Balduvino, Armando Sartorotti, Benjamín Castelli, Camilo Dos Santos, Carlos Lebrato, Carlos Pazos, Carlos Tato, Cecilia Vidal, Colectivo Rebelarte, Daniel Stapff, Dante Fernández, Diego Hernández, Ernesto Ryan, Fernando Morán, Federico Panizza, Freddy Navarro, Gastón Britos, Gustavo Castagnello, Ignacio Sánchez, Ignacio Solahegui, Imágenes del Silencio, Iván Franco, Javier Calvelo Luisi, Jorge Tiscornia, Juan Manuel Ramos, Julio Eizmendi, Leo Barizzoni, Leonardo Carreño, Lucía Melgarejo, Marcelo Casacuberta, Marcelo Singer, Mariana Greif, Marisa Adano, Martha Passeggi, Martín Cerchiari, Martin Hernández Müller, Martin Varela Umpiérrez, Matilde Campodónico, Mauricio Bruno, Miguel Rojo, Mónica Giudicelli, Nego Piastri, Nicolás Celaya, Nicolás Correa, Oscar Bonilla, Pablo Porciúncula, Panta Astiazarán, Ricardo Antúnez, Ricardo Gómez Antonich, Sandro Pereyra, Santiago Mazzarovich, Tarumán Corrales.